Y me pongo a recapacitar

Y me pongo a recapacitar

Voy a pensar en lo que todo el mundo sabe, en los procesos de trabajo y creación. ¿Por qué? Porque quiero crear un proyecto nuevo, tengo varios en la cabeza y algunos más en esa parte del inconsciente que suele permanecer oculto hasta que un día llueve, o hay tormenta, o sale el sol, o los mosquitos deciden crear una coreografía especial para este solsticio. Pero busco algo nuevo, distinto, diferente, innovador, atrevido, contundente y rimbombante (tengo tarifa plana de adjetivos).

Y aquel señor bajito, vestido de marrón, que siempre está al fondo del pasillo me recrimina:

­­- Pero es que no hay nada nuevo bajo el sol. No lo digo yo, es un clásico.

– Ahora también es un clásico el móvil y hace poco -relativamente, depende de la edad del lector- no existía siquiera.

– Claro, sí, es verdad. Pero no deja de ser una variación de otros modos de comunicación, que a su vez –insiste y con el ceño fruncido-…

– …que a su vez son variantes de, también, otros modos de comunicación. Lo sé, lo sé. Y no me vuelvas a contar lo de un caramelo y un palito y que se llamó Chupa-Chups y triunfó porque conozco la historia. Vale, no hay nada nuevo, sólo variantes. Así que déjame ahora porque voy a pensar en variantes. Y no, no son aceitunas con cebolleta y pepinillos.

Y ahora que aquel señor bajito, vestido de marrón, que siempre está al fondo del pasillo ha tenido a bien hacer un mutis por el foro y sin despedirse, sigo con mis pensamientos.

Veamos, un proyecto nuevo, bien. Tengo que pensar en qué necesito, en qué sé hacer bien, en qué puede triunfar y en qué se necesita actualmente. Y, claro, en cuánto puedo ganar con eso. Tengo facturas que pagar y un gato que alimentar.

Meeeeeeeeeeeeeeck. Mi conciencia, muy amiga de aquel señor bajito, vestido de marrón, que siempre está al fondo del pasillo, dice (y no es por lo del gato):

– No, estás equivocado. No puedes pensar en ti porque tú no eres tu cliente. Aquí no cuentan tus gustos ni tus ideas

Me callo y ni sonrío. Tiene razón, hay que reconocerlo o irse a pescar gambas en el Mississippi (bonito nombre para un gato). Ahora mi forma de ser me desviaría a visitar al tío Google para saber si ese río tiene gambas. Lo dudo y además no quiero distraerme. Así que me cambio de lugar y me voy al de mi cliente. ¿Hola, qué tal?, ya soy el cliente.

¿Qué necesita? ¿Qué le gusta? ¿Qué sería interesante para su negocio? ¿Se dará cuenta de que realmente es importante hacer un cambio? ¿Será consciente de todo esto de la «Era Digital» -suena nombre de secta-?

Puedo explicarle algo que seguramente ya sabe, la importancia de los avances y la adaptación en…

Meeeeeeeeeeeeeeck. Mi conciencia, muy amiga de aquel señor bajito, vestido de marrón, que siempre está al fondo del pasillo, enarca una ceja, me mira y me susurra a voz en grito (soy amante del oxímoron, lo siento):

– No, te has vuelto a equivocar. Lo importante no eres tú, ya te lo he dicho, pero tu cliente tampoco lo es. Lo que de verdad importa es el cliente de tu cliente. Tú no debe pensar a tu manera, ni tu cliente debe pensar en lo que le gusta. Tiene y debe fijarse en sus clientes, en lo que piensan, en lo que ellos quieren y/o necesitan. En ayudarles pero poniéndole las cosas fáciles. Esa es la cuestión, que diría Hamlet si tuviera un blog. Con ese enfoque, listillo, es cuando todos ganan. Tú tienes un cliente contento. Tu cliente está contento porque gana clientes y el cliente final está feliz con un buen servicio. Así que, hale, a cambiar el chip otra vez.

Vaya, otra que tiene razón. Toca engrasar neuronas y volver a “hacer Brainstorming yo solo conmigo mismo”. Aunque en realidad no es tan complicado, yo soy muchas cosas pero ante todo… ¡también soy cliente! Porque todos somos clientes de alguien a la vez que proveedores de otros. Lo «único», ejem, que tengo que hacer es ir cambiando de lugar como quien se cambia de calcetines. Bueno, mejor si es más veces, en ambas cosas.

Espero que no aparezca nadie más, esto empieza a parecerse a una reunión de vecinos o un congreso de inventores dañados por la tecnología.

A lo mejor me estoy equivocando y estos veintidós años haciendo webs no es lo mío realmente, quizás -y aún no lo sé seguro- debería haber sido sexador de grillos salvajes, adiestrador de pulgas para el circo, inventor de refranes o incluso afinador de cigarras.

Mientras llego a una conclusión dejo la oferta de mayo, que se acaba en breve, y que aún no siendo nueva en absoluto ni presentar nada innovador sí es algo útil, necesario y a buen precio mientras dure la oferta.

Gracias por leer hasta aquí, tengo que buscar afiliación con un oftalmólogo, me voy a forrar.

Ah, la oferta, se me olvidaba (gracias señor de marrón y señorita conciencia): Se puede ver aquí

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