Sacando la catapulta del garaje

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Sacando la catapulta del garaje

Rayos, truenos y centellas.

De nuevo voy a lanzar piedras a mi tejado pero es que no puedo aguantarme, es demasiado. Yo, como tantos otros, también utilizo las publis de Facebook, Instagram y todo lo que me echen. No me gusta -de hecho lo odio- pero a veces hay que pasar por el tubo. Sí, pero con ciertos límites.

He dado a «ok» en promocionar una publicación, no vendrá de unos cuantos -pocos- euros si a cambio tengo algún beneficio. Hasta aquí lo correcto y esperado, mucho que gruñir pero nada que objetar. O sí, porque odio el borreguismo y odio la manipulación, odio la mentira y la falta de honestidad.

Las críticas y ataques contra los «vendehumos» no es algo nuevo, es casi más viral que sus propias comunicaciones -por llamarlas de alguna manera poco hostil-, pero lo que no soporto es la copia de la copia de la copia de aquel que copió. Y eso es lo que hay y lo que me trago un montón de veces, demasiadas ya.

A raíz de «interesarme» por uno de esos que se pasan la vida de vacaciones, que venden sus cursos en piloto automático y generan más de seis cifras al mes -sin hacer nada, ni siquiera a los de la Biblia se les ocurrió algo así- me tengo que tragar decenas de publis, con el mismo tipo de gente y diciendo las mismas cosas. Unos más sonrientes que otros, todo hay que decirlo, pero con el mismo mensaje.

Siempre me recuerdan a aquellos famosos libros de «Cómo hacerse rico en tres semanas» -o similar-. Claro, ya lo veo, si me compráis todos el libro yo seré rico en tres semanas, incluso menos, pero… si le va tan bien y ya es rico ¿para qué se va a liar a hacer publicidad de su método? Ah, es que es buena persona y quiere que todos tengamos un coche de lujo y un par de mansiones en tan sólo un par de días de… ¡no trabajar!

Increíble, sí, pero más increíble me parece la gente que se traga eso, se apunta y espera, espera, espera y sigue esperando. Quizá es que el momento no era ese o que el repartidor de coches de lujo está de vacaciones (también compró el libro) o que es que has puesto dos comas de más en ese texto tan persuasivo que hace que hasta las golondrinas no emigren en invierno. Creo que en San José de Capistrano ya han puesto una querella.

Me parece, además, deleznable en los tiempos que corren que se intente que la gente quiera hacerse rica de la noche a la mañana. Bastante tiene la mayoría de la población con poder pagar la hipoteca y comer cada día.

Todos sabemos que jugar con la avaricia es una de las fichas a mover para vender un producto. Mal hecho, sí, pero peor es aún jugar con la necesidad y la desesperación de quien necesita salir adelante ahora. Y si encima le sonríes mientras te grabas en vídeo en una playa -supuestamente del Caribe o similar- diciendo que eres poco menos que tonto y mereces pasar hambre y penurias si no te apuntas su masterclass… No sé, no acabo de verlo claro.

Yo hago webs, vendo webs, y lo hago lo mejor que sé y lo mejor que puedo, pero no le digo a nadie que con eso va a tener que comprarse un garaje más amplio porque no le cabrán los deportivos. Ni que no hace falta que haga maletas en sus viajes porque puede comprarse ropa nueva cada vez que salga «por ahí».

Y no sólo las Redes Sociales, cada día me llegan unos cuantos emails con sus graciosas historias y anécdotas y, cómo no, todos siguen el mismo patrón. O casi todos, seamos sinceros. Alguno se escapa -por pelos- de este programa. Como no cito nombres de «los malos» siento decirlo pero tampoco lo haré de «los buenos». Sobre todo porque lo que pretendo es que cada uno analice por sí mismo, que piense, que se dé cuenta.

Salvo que te toque alguna lotería -siempre le toca a alguien- tendrás que seguir trabajando. Con mayor o menor fortuna pero trabajando. La suerte interviene, no puedo negarlo, pero no es la única baza.

Yo admiro soberanamente a los que aportan algo nuevo, estén equivocados o no, a los que piensan y tienen ideas, incluso si no son acertadas.Yo apuesto por el esfuerzo y por buscar nuevos caminos. Incluso puedo aplaudir al primer «vendehumos», al segundo y si me pillas de buenas también al tercero.<—— punto

Todos queremos vender, todos sobrevivimos con nuestros negocios, todos pensamos -sigo siendo un inocente- que lo que hacemos es lo mejor y que está bien y que puede ayudar a los demás al mismo tiempo que trabajamos en lo nuestro en lugar de planear el robo a un banco. Pero a veces la diferencia entre el timo y el negocio es demasiado tenue.

Y ya está, tenía que decirlo y tenía que desahogarme.

 

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