Bien, hoy ya toca -como no- hablar del Coronavirus, Covid-19, maldito bicho o «eso».

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Covid-19

Lo que está claro, eso sí, es que el virus vive, se reproduce y luego, se supone, muere. Y que tiene una capacidad innata de crear disidentes, discordantes, acólitos, negacionistas, separatistas, creyentes, ateos y hasta mosquitos del Nilo en sus ratos libres. Es lo que tiene el pluriempleo y el tiempo libre. Casi me da miedo cuando se jubile.

Hay una enorme cantidad de gente, y algunos hasta son personas, que están esparciendo sus sesudos estudios sobre este tema basados en las importantes investigaciones en las Redes Sociales, o que se lo contó una vecina de un amigo que tiene un primo que una vez tuvo un hermano con sarpullido. O de uno que le pareció un ovni cuando había ido a hacer un picnic al campo. O de aquel inminente científico, presidente de su escalera, que nos cuenta como la mitosis no tiene nada que ver con las ladillas. O sí, pero depende. Que me lo dijo un amigo, tras seis cañas, y es de fiar. De hecho en el bar le fiaron las cañas.

Nos hablan del ADN, del 5G, del sexo de los ángeles y de que la mascarilla es cara, es nula, no sirve, te salva, te llena de mocos, las hay muy bonitas, es moda, yo no la llevo, pues yo sí, es necesaria, y obligatoria y tú te vas a morir, listillo. Vale me la pongo. Pero esa no, tontaina, que han sacado una nueva con rayas de avestruz silvestre que va mucho mejor. Y deja de fumar que es malo para las nutrias. O mejor fuma, que dicen que evita el contagio. Salvo que seas asintomático, en ese caso ya es diferente y necesitarás unos calcetines nuevos. Y venga, documentación y «p’al cuartelillo».

Salva a tus congéneres, no vayas al cine, ni al teatro, ni a los bares, pero puedes ir a las manifestaciones -siempre y cuando sean de derechas-. Te vas a engordar con el confinamiento -me importa un bledo, se acaba agosto- y además puedes comprar acciones, ahora es el momento, de las empresas que fabrican papel higiénico. En breve llegará otoño y, me lo han dicho los gurús, después el invierno. ¡Pa cagarse! Pues eso, compra acciones.

Hay que agradecer al bicho que casi todo lo malo ha descendido, no hay gripes ni constipados. Nadie se rompe nada en ningún accidente y apenas hay robos. O al menos eso es lo que se puede ver en la TV -si es que aún tienes narices de ponerla-. El mundo se ha dividido en «okupas», «Coronavirus», «hoteles que cierran» y «personas que no cobran nada del ERTE». El resto, salvo las manifestaciones en EE.UU. y algún anuncio de las multinacionales, carece de importancia.

¿En serio? ¿No hay nada más ya? Yo es que me quedé en aquello del huevo y la gallina, el sexo de los ángeles, la verdadera identidad del ratoncito Pérez y si realmente el hombre llegó a la luna. A la de Valencia, sí, eso quedó claro, me refiero a esa que engorda y adelgaza cada 28 días.

Pero… ¿Ya no hay calentamiento global, ni hambre en el mundo, ni guerras civiles, ni plásticos en los océanos, ni nadie se limpia sus partes con los derechos humanos? ¡No me digas que las farmacéuticas van a poner a precios decentes sus venenos y que los bancos van a devolver lo que deben!

Creo que todos estamos cansados de este sinsentido que son los cambios de orientación cada dos por tres. De los ahora sí, ahora no, ahora puede, los jóvenes no, digo, los viejos no, o sea, los niños sí pero…

Iba a concluir deseando un feliz retorno a las aulas pero me temo que está fuera de lugar.

Puedo ser muchas cosas pero lo que no quiero ser es una cobaya.
Seguramente las cobayas tampoco desean ser cobayas

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