A mí no me gusta hacer webs

A mí no me gusta hacer webs


Sí, tranquilos, respirad, no me he bebido el gel anticoronavirus ni se me ha divorciado la única neurona que tenía.
Quiero decir que no me gusta «hacer webs y ya está», porque toda web necesita respirar, vivir, crecer, aprender,
extenderse, expandirse y, si me apuras, hasta reproducirse.

No basta con plantar una semilla y espera a la recolecta, hay que regar la planta cuidarla, mimarla. Ver qué abonos son
los mejores y cuando deben administrarse, además de poner la tierra adecuada. Y una vez, tras el esfuerzo que eso
supone, cuando consigues que haya crecido y sea bonita, además de productiva, te gustará compartir tu resultado y tu
trabajo. Querrás que se sepa lo que tienes y cómo lo has conseguido y que vaya más allá de un inusitado aumento de
endorfinas y autosatisfacción.

Y eso pasa con una web, de ahí el título de «no me gusta hacer webs», porque una web olvidada es como un trabajo
inacabado, como una tarea inútil, como un esfuerzo innecesario. Todo camino tiene un fin y toda meta un camino. Hay que
plantearse los resultados que se desean antes de emprender el proyecto. Del mismo modo que hay que hacerse una lista
para el equipaje antes de hacer la maleta. Y hay que hacer la maleta antes de irse viaje, con tiempo, con ganas, con
ilusión. Si no, no vale la pena.

Ya son demasiadas las plantas que he visto morir por falta de agua. No, no me gusta hacer webs «y ya está», me gusta
continuar, avanzar, evolucionar… o como mínimo cuidar lo que ha nacido. Los resultados, finalmente, no siempre
dependen de eso, hay más factores a tener en cuenta. Pero que no sea por falta de ganas o interés.

¿Cuántos kilómetros puede recorrer un automóvil si nunca le pones combustible?

¿Y si no le pasas la revisión de rigor, crees que aguantará mucho?

Pues eso. Tenía que decirlo.

Deja una respuesta